STRLC + MARS = X
donde x era todavía una variable desconocida, una forma latente enrollada en alguna parte de la cinta.
La primera sesión fue un mecanismo de arrastre. Como cuando el cabezal encuentra el surco magnético correcto y la información, que parecía inmóvil, comienza a desplazarse. Loops, invitadxs, grabaciones, ediciones. Fragmentos de señal organizándose alrededor de un eje todavía invisible.
La cinta avanzó.
Cada vuelta agregó una capa de información al sistema. Lo registrado dejó de ser únicamente memoria para convertirse en materia prima. Los loops se multiplicaron, se deformaron, volvieron sobre sí mismos como una función recursiva grabada en ferrita.
Entonces apareció un nuevo vector.
El proyecto adquirió volumen.
Y ese volumen comenzó a dividirse en volúmenes.
Ninguna decisión fue completamente deliberada. Como en una cinta analógica que acumula ruido, fantasmas y accidentes fértiles, cada gesto arrastró al siguiente. Una serie de pequeñas perturbaciones generando una geometría común.
Todo se inició sinérgicamente.
Y con cada revolución confirmó una hipótesis: que algunos proyectos no nacen de una planificación exacta, sino de una resonancia.
Un rito de iniciación registrado en partículas magnéticas.

